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En Venezuela el turismo permanece sostenible con el Cruce de Los Andes

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Desde la Mucuposada Los Samanes en la aldea Santa María de Canagua en el Municipio Pedraza (estado Barinas) y como miembro de la Asociación de Baquianos y Posaderos del Páramo (ASOBAP), Alí Guerrero coordina la distribución de los caballos a un grupo de turistas provenientes de Bélgica y Francia, diestros jinetes y amazonas en sus países de origen con interés en hacer una cabalgata por el Cruce de Los Andes, una travesía de 10 días y 9 noches a través de los Parques Nacionales Sierra Nevada y La Culata.

Guerrero junto al líder del tour Paul Coudenys asignan los caballos correspondientes mientras sus ayudantes colocan monturas y estribos para empacar el equipaje, una paciente observación de cuáles van a montar mantiene atento al grupo quienes revisan el correcto amarre de la silla y se familiarizan con estos animales, preparados para remontar el recorrido con botas y polainas. La única afinidad visible entre los baquianos locales y los visitantes europeos surge de sus conocimientos comunes sobre la equitación, el aprecio por los equinos y los días por venir atravesando extraordinarios páramos y bosques.

Estos baquianos motivan a Coudenys a traer grupos hasta Venezuela desde el año pasado pese a las dificultades existentes en el país para organizar estas actividades y los temores de potenciales turistas de venir. ASOBAP agrupa a decenas de operadores rurales capacitados para ofrecer servicios turísticos en varias partes de estos páramos y el Cruce de Los Andes es uno de los recorridos más ambiciosos que tienen, cumple 17 años y su existencia es un desafío ante el tiempo y las crisis para el turismo sostenible que gestiona la Fundación Programa Andes Tropicales (PAT) hace más de 20.

Como baquiano Guerrero guía el Cruce hasta las afueras del pueblo de Gavidia a media hora de Mucuchies en el Municipio Rangel (estado Mérida), y pasa por el sector El Carrizal de donde es oriundo hasta Los Morritos cubriendo la Sierra Nevada. Tras un día de descanso por el exigente recorrido, desde el Refugio Ecológico Mesita Redonda ubicada en la entrada al Páramo Piedras Blancas a media hora de Mucuchies, Alpidio Santiago recibe al grupo para atravesar la Sierra La Culata.

Junto a Santiago y un tercero baquiano Richard Guerrero son parte de los primeros guías rurales capacitados por el proyecto que el PAT desarrolló en esta región hasta el año 2008, en coordinación entre varios mucuposaderos como los ubicados en El Carrizal y Mucumpis  trabajan para que la estadía del grupo sea acorde al tiempo estimado, cuidan la preparación de los alimentos, el alojamiento y principalmente el desarrollo satisfactorio de la experiencia de turismo rural ofrecida.

El trabajo en red les permite prever tiempos de recorridos para recibir al grupo en cada cambio de baquiano, las pausas para las comidas y el menú a servir, las habitaciones asignadas o la ubicación del campamento, y el tratamiento hospitalario que los distingue por idiosincrasia y los acerca durante la convivencia con quienes cruzan de continente y tienen costumbres e idiomas diferentes, porque más allá de la retribución económica está la arraigada cordialidad y el acercamiento intercultural frente a privilegiados ecosistemas.

Guerrero recuerda que desde los 20 años se involucra por vocación en la guía de turistas, complemento a sus actividades agrarias en provecho del conocimiento de la geografía local por crianza, ahora tiene 36 y con agrado sus hijos y sobrinos lo ayudan, a ellos les entusiasma continuar como baquianos en la Sierra Nevada pero consideran necesario más promoción para que más gente vaya. Junto a la afluencia que reclaman, su interés por continuar es el principal aliciente para la sostenibilidad del turismo rural comunitario.

En un francés pronunciado con detenimiento mientras brilla su mirada y abre más sus ojos al rememorar el recorrido por Los Andes que la trajo desde Amberes (Bélgica), Patricia Rillaers describe su impresión del ascenso mientras se encontraba los cinco diferentes ecosistemas intactos por su condición de reserva ofrecidos en un tramo que en altitud inicia en alrededor 500 msnm y alcanza los 4000. Junto a sus otros compañeros de viaje, caminos de origen prehispánico permitieron transitar el llano, cultivos, bosques, selvas y páramos.

Aun con otras opciones tan atractivas en otros países y pese a la información que reciben sobre Venezuela o las advertencias hechas por sus amigos y parientes como la preocupación de los padres de Marc Stoop, quien llego con su esposa de Bruselas, los mayores riesgos desde el momento que los equipos del PAT y ASOBAP los reciben son la novedad de montar en mula y el “mal de páramo”.

Regresan a casa luego de probar la hallaca y el sancocho, la cerveza y el chocolate, el guarapo y la pizca andina, de experimentar el envolvente frío nocturno en páramos con espléndidas estrellas en el cielo y los acogedores hogares de hospitalarias familias con quienes convivieron, la equitación sobre unas criaturas de menor tamaño a las que acostumbran pero fuertes por soportar grandes recorridos con carga como caracteriza a los caballos criollos, guiados por hombres y mujeres guardianes de un tesoro cultural y ecológico.

 

NDP

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