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España: de la “turismofobia” a la angustia por la caída de visitantes

Hace apenas dos años, algunos centros españoles se quejaban por el "exceso de turismo" y hasta pensaban en adoptar medidas para frenar el aluvión.

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La ola de calor  que sufrió Europa y la competencia de otros destinos mediterráneos, sin embargo, han modificado la situación, a tal extremo que el país vive la peor caída de visitantes en casi una década.

La estadística oficial dice que, para julio pasado, la llegada de turistas extranjeros cayó casi el 5% respecto del año anterior. Algo que se dice más fácil de lo que se experimenta. Hay que retroceder hasta 2010 para encontrar un escenario similar. Lo que no solo implica un “pinchazo” en la principal industria española, sino también una reversión de la tendencia que se venía registrando en los últimos años, en que se superaba récord tras récord.

En algún momento iba a suceder. Para la anécdota figura que justo le tocó al gobierno socialista, apenas llegado al poder, poner pecho a la inquietante nueva situación.

En estos momentos, la apuesta del sector es por la calidad”, dijo la ministra de Industria, Reyes Maroto, en un encuentro con la prensa. Un latiguillo habitual a la hora de dar la cara, pero que en este caso quiso indicar que vinieron menos personas, pero gastaron más. Algo que, a esta hora, dicen las estadísticas, es difícil de cuantificar.

Sol, playa y buen clima figuran entre los mejores productos de España en términos de turismo. El sector representa el 13,7% del empleo en el país. Algo así como 2,65 millones de personas. Los números siguen siendo buenos. Pero la caída es un llamado de atención. El problema es que sol, playa y calor mucho calor hubo en abundancia durante este verano en Europa, que sufrió una de las peores olas de rigor extremo de que se tenga memoria.

Los trágicos incendios en Grecia donde murieron un centenar de personas y los focos que se desataron en Portugal, el sur de Italia y en diversos puntos de España no fueron especialmente invitadores para esos destinos de la poderosa industria mediterránea.

La ola de calor fue, justamente, una de las razones para el retroceso. Pero no la única. También cumplió su parte la competencia de destinos no habituales, como Egipto y Túnez, que vivieron veranos de mayor seguridad en relación con la crisis que el terrorismo había impuesto años atrás.

Turquía también apareció como fuerte competidora. “Los hoteles allí han mejorado mucho. Además, las empresas turísticas y las aerolíneas reciben grandes apoyos del gobierno”, sostuvo el presidente de la Asociación de Expertos en Empresas Turísticas, Domènec Biosca.

En su opinión, España sumó una paleta adicional de desventajas, con algunas tensiones específicas surgidas en la temporada que termina. Las severas huelgas de servicio de taxi que ocurrieron en todo el país en la puja contra Uber y Cabify, y que lo dejaron sin alternativa de transporte en plena ola de calor, así como la tensión en Cataluña, no ayudaron como promoción.

Otra cuestión parece ser cierto abuso en los precios. La consultora STR asegura que las tarifas de hotel en España llegaron a máximos históricos, con 114 euros en promedio, muy por arriba de los valores que se manejan en destinos como Turquía o Egipto. Y es que, para Biosca, la oferta española “se ha encarecido, pero no ha mejorado la calidad”.

El abuso se traslada también a la gastronomía. Comer en un bar en España no suele ser una actividad cara. Pero, con el verano, crece la tentación del “sablazo”. Las redes ardieron con denuncias de clientes cansados de los abusos en los precios en los chiringuitos de playa en la zona de las islas Baleares y la Costa del Sol. Trece euros (520 pesos) por una gaseosa o 7 euros (280 pesos) por un café parecieron excesos cercanos al latrocinio.

“Inflar los precios de esa manera no hace sino espantar al cliente”, dijo Ginés Torres Matta, de la Cámara de Turismo de Andalucía. La expectativa es que lo ocurrido sirva de experiencia para mejorar en la temporada venidera.

La situación representa una vuelta de tuerca respecto de la “turismofobia” que se vivía hace dos años, cuando el aluvión turístico agotó la paciencia de vecinos de Cataluña y de las islas Baleares, que recubrieron paredes con la pintada: “Turista, vuelve a casa.” Algo que, al parecer, más de uno se tomó al pie de la letra.

La Nación Argentina

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