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Marinita Obispo transmite su creencia en la familia a través de advocaciones de María

En la tranquila Tinaquillo, al norte del estado Cojedes, las tradiciones están a la orden día. Mariana Auristela Obispo Torrealba (Marinita) esculpe en madera a la Virgen María para resaltar la dedicación de las madres

talla de marinita obispo

Como valenciana de nacimiento y crianza estuve todo el tiempo escuchando sobre Tinaquillo. Esa población cojedeña que queda inmediatamente al pasar el Campo de Carabobo, cuando sale de la capital carabobeña y uno se interna en los inmensos llanos venezolanos.

Mi visión, comprobé, lo limitada que era. Tinaquillo no solamente es el “pueblo”, como los lugareños llaman a la capital del municipio homónimo, ubicado al norte de la entidad. Puede que la pequeña ciudad no haya cambiado mucho o que la dejadez gubernamental sea lo más notorio, pero hay una visión que salta a la vista, al menos para mí: el turismo. Este tema, lo trataré en otras entregas.

En esta oportunidad mi atención estará centrada en un valor andante de esta tierra, en el que la cultura es valor y práctica fundamental.

Es ya tradicional que en Tinaquillo se jueguen bolas criollas. Prácticamente toda casa, restaurante, hotel, posada o sitito de recreación tiene una cancha del “boliche venezolano”, como le escuchado mencionar a algunos extranjeros, sobre todo anglosajones.

También se practica el coleo y con él la talabartería. Tanto es así que en la ciudad (en la entrada, en plena vía nacional, en la Troncal 5) hay una tienda especializada en la materia, donde se elabora todo lo relacionado con la coleada de ganado. “Tenemos 8 años haciendo nuestros propios equipos e indumentarias. Todo para el coleo está aquí, por eso nos llamamos Todo Coleo”, explicaba Wilcox Dellimore, encargado de la tienda.

Y no se puede hablar de tradición tinaquillense si no se mencionan sus famosos desayunos, en especial, en el que el chigüire es el protagonista. No tiene que rodar mucho para conseguirlo, en la entrada del pueblo hay varios lugares que gozan de las recomendaciones de sus asiduos comensales.

La curiosa Marinita

Pero tampoco se podría hablar de la cultura de Tinaquillo sin resaltar a sus cultores. Marina Auristela Obispo Torrealba (Marinita, como [email protected] la conocen) es una expresión fiel del gentilicio de esta región: es alegre y dicharachera.

Su verbo gentil y calmado describe por sí solo la experiencia recogida en décadas dedicada a la docencia, luego de egresar del Pedagógico de Maracay. Con una memoria envidiablemente lúcida recuerda sus [email protected] Lo hace con cariño. A Marinita se le pierde la mirada a los lejos cuando rememora sus tiempos en las aulas de clases.

Hace cinco años que está jubilada. Se negaba a quedarse en la casa sin tener muchas cosas que hacer, dice ella, porque cuando se le pregunta cómo se define, responde: soy hija.

Pero más allá de eso –y no es que signifique poco, porque para ella lo es todo- es pedagoga, escultura, músico, locutora, plomera, albañil, madre, esposa y teje como una araña cuando está enferma, sobre todo de gripe.

Esta curiosa mente no se detiene ante las posibilidades de desarrollar su talento de hacer, inventar, descubrir, enseñar, imaginar y expresar.

Estos dos últimos aspectos los descubrió por una gran coincidencia, puesto que luego de la jubilación fue a Valencia a realizar un curso sobre revestimiento de imágenes. Allí su profesora la invitó a esculpir un palo de escoba, a sacar un rostro, una figura. Marinita cuenta que fue una gran sorpresa para ella, dado que jamás avizoró el nuevo camino que descubriría: la imaginería.

Comenzó, siguiendo las instrucciones de su impulsora, e hizo sus dos primeras piezas sin dibujarle un rostro y las colocó en una base de madera.

Con respeto

De allí en adelante la exploración fue su guía.

Talla la madera en buscar de manifestar su más grande creencia: la familia, teniendo como fundamento al matrimonio.

Esto es lógico después de que sus padres, en 62 años de unión, han renovado sus votos cinco veces. Viene de una familia tradicional, educada, trabajadora; pujante en la zona y ejemplo de que para surgir se requiere tesón, honestidad y amor por lo que se hace.

“Por eso hago advocaciones de María. ¿Qué mayor ejemplo de entrega y fervor por la familia de la que tuvo la Virgen por su hijo Jesús?”.

talla de jesus y la dolorosa

Fue Félix Vera, también escultor de la zona, quien le instruyó para colocar rostros en sus trabajos. “Me dijo que empezara por dibujarle los ojos, luego nariz y la boca. Félix me ha enseñado mucho”.

– Aunque no quiero dibujar un rostro perfecto, es como usurpar un espacio que no me corresponde. Además eso no es lo que quiero transmitir.

Pica y se extiende

A estas alturas ha hecho más de 250 piezas –no lleva la cuenta-. Lo que sí tiene claro son sus cuatro participaciones en las exposiciones anuales que realiza la Fundación Polar. “Ellos tienen sus talleres en San Joaquín, estado Carabobo. Allí nos dictan cursos sobre nuevas técnicas para seguir cultivando nuestro arte, también nos instruyen sobre administración y luego nos permiten estar en sus muestras”.

La primera en la que participó fue en 2010. Apenada narra que solamente llevó 16 piezas. “Era mi primera vez”.

Detalló que en los cuatro días de la feria artesanal primero acuden los dueños de galerías. “Uno solo se llevó 14 piezas. ¡Imagínate! Me quedé solo con dos piezas para mostrar”.

Para 2011 llevó 36 e igual las vendió todas. Ya se prepara para la de este año.

Sus piezas ya recorren el mundo. Sus compradores se las llevan a México, Europa y hasta Japón.

Eyra Laclé Morillo [email protected]

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