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Tres aerolíneas asiáticas ya ofrecen boletos “libres de niños” en sus aviones

Aunque puede sonar políticamente incorrecto, ¿quién no tomó alguna vez un avión y tuvo cerca de un niño molesto y caprichoso que lloraba como si lo estuvieran torturando, y quiso que desaparezca?

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Durante un vuelo de muchas horas, los hijos “de los otros”, que corren por los pasillos, gritan y patean los respaldos de los asientos para llamar la atención, pueden transformarse en una verdadera pesadilla.

Capitalizando este malestar difuso, en Asia, tres aerolíneas ofrecen áreas “kids free” (libre de niños) en sus aviones. Una tendencia que crece y que llegó a Europa generando polémica y dividiendo las aguas entre las aerolíneas “children friendly” y las compañías que defienden el derecho (y le ponen un precio) al bienestar y relax de su clientela adulta durante su viaje por los aires.

Según un encuesta de El País de España, el 20% de los europeos (italianos, franceses, españoles, alemanes, austríacos y suizos) pagaría un extra por sentarse en una “zona libre de niños” en el avión.

En Gran Bretaña, la cifra aumenta ya que más del 40% de los ciudadanos abonaría un precio más alto para garantizar su tranquilidad durante el vuelo. Los más hostiles ante las molestias infantiles se revelaron los australianos: el 61% desembolsaría una suma mayor con tal de evitar el bullicio infantil. En segundo lugar, se posicionó Japón, país en el cual casi el 50% de los viajadores daría más dinero para evitar ser molestado por los menores.

Hasta ahora, sólo tres compañías asiáticas ofrecen zonas sin niños en sus vuelos. Una es la Malaysia Airlines, que no admite bebés en primera clase desde 2011 y que, un año después, decidió que los niños menores de 12 años no podían viajar en el piso superior de sus jumbo. Las otras dos compañías son low-cost y comparten el principio de esta nueva oferta: vender “tranquilidad” a un precio bastante accesible.

La AirAsia ofrece la “quiet zone” (zona silenciosa), en la cual, por 25 euros suplementarios al precio del pasaje, el viajero puede gozar de un asiento en las filas que van de la 7 a la 14, que están detrás de primera clase y están prohibidas a los menores de 12 años.

Este es, para las autoridades de las compañías, un servicio más de la aerolínea, que se está especializando en “personalizar” al máximo el viaje de su clientela. En AirAsia, la facturación de las valijas, la comida, la elección del asiento, la almohada y la mantita se pagan aparte, y el silencio es un extra más como tantos otros y tiene un precio.

La segunda low-cost es la Scoot, la línea más accesible de la Singapore Airlines, que, desde agosto de este año, ofrece un área llamada “Scoot in silence” (Scoot en silencio) en la cual, por 14 dólares, se puede disfrutar de uno de los 41 asientos ubicados detrás de la business class prohibidos para menores y que tienen 7,5 centímetros más de espacio para las piernas.

La tendencia opuesta se verifica en Italia, en donde, recientemente, la aerolínea de bandera, Alitalia, instituyó una “Mill Miglia Kids” (una tarjeta para que los niños acumulen las millas de sus viajes) e instruyó a alguna de sus azafatas con los principios básicos de la puericultura. La British y la Virgin Atlantic están analizando seguir el mismo camino de su par italiano y contraponerse a esta tendencia que crece.

Las niñeras del aire

Mientras que algunas compañías aéreas crean zonas “libres de niños”, otras apuestan a un nuevo estilo de viajar y a la creatividad para distraer a los menores durante el vuelo.

La más innovadora en su enfoque, es la Etihad Airways, de Emiratos Árabes, que acaba de lanzar un servicio de niñeras a bordo.

Formadas en la prestigiosa escuela inglesa de Norland College, estas azafatas devenidas nannies, se transformaron en maestras de títeres y manualidades, y son un punto de apoyo para los padres a la hora de relajar, distraer, dormir y dar de comer a sus hijos en condiciones de estrés.

Vestida de naranja y experta en psicología y sociología infantil, la “flying nanny” es capaz de identificar los diferentes tipos de comportamiento y las diversas fases de desarrollo que cada niño está atravesando, y sabe cómo tener en consideración el punto de vista y las exigencias de las familias durante el viaje.

Cuando se acerca el final del viaje, la niñera de los aires ofrece a los padres la posibilidad de llenarles el biberón con leche y le da agua, fruta y galletitas. Más víveres y asistencia aún recibirán aquellas familias “en tránsito” que deben tomar otra vuelo.

 

Fuente: Tiempo Argentino

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