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Copos de nieve: Las flores de hielo

El tamaño de los cristales puede ir desde unos centenares de micras de diámetro hasta los cinco milímetros

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El astrónomo y matemático alemán Johannes Kepler, célebre por sus leyes sobre el movimiento de los planetas, publicó por primera vez en 1611 un folleto sobre la fascinante arquitectura geométrica de los copos de nieve, y el fotógrafo estadounidense Wilson A. Bentley fue, a mediados del siglo XX, pionero en retratar su simétrico esplendor. «A través del microscopio descubrí que los copos de nieve eran portentos de belleza y me pareció una pena que esa belleza no pudiera ser apreciada por los demás –dijo en 1925–. Cada cristal de hielo es una obra maestra del diseño, y ninguno se repite jamás. Cuando un cristal se derrite, ese diseño se pierde para siempre. Cuánta belleza perdida sin dejar ni un solo rastro.»

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Por ello este artista, apodado Snowflake, se esforzó en captar la magnificencia única de estos cristales, que cuando se aglomeran forman los copos de nieve, reuniendo hasta 5.000 fotografías distintas. Algunas de ellas aún se pueden ver en el museo que lleva su nombre, ubicado en Jericho, Vermont. Gracias al trabajo de Bentley se pudieron hacer las primeras clasificaciones de las formas de los cristales de hielo, como las que estableció en 1951 la Asociación Internacional de Ciencias Criosféricas (IACS por sus siglas en inglés), diez patrones básicos que hoy siguen vigentes. U otras mucho más complejas y numerosas, como las de los geofísicos Choji Magono y Chung Woo, de la Universidad de Hokkaido, en Japón, quienes en 1966 describieron hasta 80 patrones diferentes. Pero esos modelos solo muestran las generalidades que comparten la infinidad de cristales de hielo distintos. Y es que es extremadamente difícil, aunque no imposible, encontrar dos iguales.

«Estas diminutas joyas se originan a partir de microscópicas gotas de agua al borde de la congelación que se hallan en las nubes y que cristalizan sobre las partículas suspendidas en la atmósfera –explica Kenneth Libbrecht, físico del Instituto de Tecnología de California y autor de las imágenes de este reportaje–. Cuando se precipitan, los cristales se aglutinan, adoptando una u otra forma dependiendo de las circunstancias ambientales, siempre a temperaturas bajo cero.»

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Un proceso en el que se ven involucradas una ingente cantidad de moléculas de agua capaces de ordenarse de infinitas maneras distintas pero siempre respetando una simetría radial construida en torno a una matriz hexagonal. «Cuando una molécula de agua se congela, los dos átomos de hidrógeno y el de oxígeno que la forman se enlazan siempre formando redes hexagonales», explica Libbrecht. Autor de varios libros de fotografías destinadas a divulgar los secretos de estos preciosos cristales, lo de este físico se ha convertido en una auténtica pasión.

Vía: National Geographic

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